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miércoles, 26 de abril de 2017

La corrupción en el gobierno de Abdalá Bucaram


 (Andes).- “Su corto gobierno (entre el 10 de agosto de 1996 y el 7 de febrero de 1997) fue realmente un desgobierno. En apenas seis meses inauguró una fase en la que se sucedieron siete gobiernos. Y tras su caída se disputaron el poder la entonces vicepresidenta Rosalía Arteaga y el presidente del Congreso, Fabián Alarcón, quien finalmente reemplazó al derrocado mandatario".

"Posteriormente, asumió Jamil Mahuad, quien tampoco pudo culminar su mandato y fue reemplazado por Gustavo Noboa. Luego, por elección popular asumió Lucio Gutiérrez, pero fue derrocado en una revuelta popular, por lo que se encargó el poder a Alfredo Palacio”, lo dice con altivez el historiador Juan Paz y Miño

En su opinión, “la gestión de Bucaram no tuvo tiempo de hacer algo sólido por el país y sus propuestas de convertibilidad de la moneda, continuar con las privatizaciones, el modelo empresarial de desarrollo, sujetarse a los dictados del Fondo Monetario Internacional, no iban a crear un modelo económico de bienestar para los ecuatorianos”.

“Su descalabro político diario y los frecuentes escándalos de corrupción, convirtieron a esa fase de la democracia ecuatoriana en algo comparable a la del siglo XIX con el gobierno de (Ignacio) Veintemilla. El gobierno de Abdalá Bucaram es el de mayor corrupción en la historia ecuatoriana”, asegura, enfático Juan Paz y Miño. Y agrega que, “además de que legalmente no es posible, sería una vergüenza para Ecuador una nueva postulación de Bucaram. Una persona con semejante legado y en una situación jurídica no solucionada no me parece que le beneficie al país; más bien le perjudica”, concluye.

Sin embargo, nadie podía imaginar en 1978 que ese joven impetuoso y dicharachero que manejaba el vehículo de Jaime Roldós Aguilera -su cuñado- durante la campaña electoral, llegaría a ser una controversial figura política del país en los últimos treinta años.

En esa época, Abdalá Bucaram Ortiz (Guayaquil, 20 de febrero de 1952) se dirigía con mucho respeto a Roberto Dunn Barreiro, uno de los recaudadores de fondos para los gastos de campaña; a Carlos Feraud Blum, quien pedía prudencia cuando debían tratarse temas serios frente al hermano de Martha Bucaram, esposa de Jaime; y a Alejandro Román Armendáriz, uno de los ideólogos de “la fuerza del cambio”.

Esa forma atropelladora de llamar a las cosas por su nombre -y por el que “la gente” las entendía- lo hizo conocido en el círculo de asesores de quien sería luego Presidente de la República, como Dalo y el “Loco”, personaje bufonesco y acelerado que pretendía defender las causas de los más débiles haciendo gala de la fuerza bruta y velocidad verbal para insultar.

Cuando Jaime Roldós asumió el poder en 1979, con el retorno a la democracia, su hermana Elsa puso un escritorio en la planta baja del Palacio de Carondelet para atender a “la fuerza de los pobres” que acudía en busca de trabajo. Daba la impresión que esta rama de los Bucaram sabía hacia donde debía apuntar. Martha, la Primera Dama, participaba en las sesiones de gabinete sin tener atribuciones para ello.

Alejandro Román Armendáriz contaba una anécdota ocurrida en una reunión de gabinete antes de la sesión en homenaje a las fiestas de Julio en Guayaquil. Osvaldo Hurtado le había comentado en tono de broma que cómo iban a hacer para farrear si las discotecas las estaba cerrando Abdalá.

A Martha no le gustó y tiró con fuerza las carpetas que traía consigo, espetando “¿Es que en Guayaquil no se puede poner un poco de orden?” Hurtado, impenetrable y lleno de buenos modales, palideció y se quedó sin respuesta.

Ese año Abdalá fue nombrado Intendente de Policía del puerto principal –a los 28 años-, cargo en el que impuso puertas afuera una política moralista, más de corte fascista que de cristianos, respaldada en "los dieciséis mandamientos de Abdalá".

Uno de ellos le permitió debutar con una redada de prostitutas y homosexuales a quienes hizo desfilar entre el Cuartel Modelo y el Palacio Municipal con reprimendas que eran una mezcla del lenguaje más procaz y buenas consejas familiares.

Luego se dedicó a perseguir por la avenida 9 de Octubre, desde Pichincha hasta Boyacá -estilete en mano-, a las jóvenes que vestían minifalda para bajarles el hilván, porque no podían enseñar “inescrupulosamente” su naturaleza.

Rossana Alvarado, asambleísta de Alianza PAIS, cuestiona que la administración de Bucaram Ortiz haya pisoteado la dignidad de los más pobres para parapetar a un grupo político: “Fue un gobierno de vergüenza, de indignidad, de prepotencia mezclado con lo indigno, con las humillaciones que, a cuenta de ser popular, de utilizar como slogan a los pobres, humilló a la gente”.

Recordó las humillaciones de Bucaram y su ministro de Energía, Alfredo Adum contra las mujeres. También, el festejo de Jacobo Bucaram Pulley al lograr su primer millón de dólares por las transacciones irregulares en las aduanas.


El 24 de mayo de 1981 murieron en un accidente aviatorio su cuñado Jaime y su hermana Martha. El 5 de noviembre del mismo año también lo haría Asaad Bucaram, su tío, quien dejó en herencia Concentración de fuerzas Populares (CFP), a su viuda Olga Zaccida, y a sus hijos Averroes y Avicenas Bucarám Zaccida. Doña Olfa prefirió entenderse con Aberroitos; el otro actuaba por su cuenta y en su beneficio.

Con el populismo herido de muerte, Abdalá se apropió del proyecto político de Jaime Roldós, que en su momento trató de consolidarlo con el partido “Pueblo, Cambio y Democracia (PCD)”, arbitrariedad que puso en guardia a los pequeños hijos  de Roldós quienes, aconsejados por León Roldós Aguilera, su tío, cuestionaron la utilización del nombre de su padre para constituir el Partido Roldosista Ecuatoriano (PRE).


Este incidente trazó una línea divisoria infranqueable entre los Roldós Bucaram y los Bucaram Ortiz. Tíos y sobrinos jamás volvieron a mirarse y prefirieron ignorar sus exstencia. Posteriormente Abdalá denunció la muerte de Jaime Roldós Aguilera como un atentado y conspiración de la CIA.

Su escalada para llegar a las grandes ligas del populismo clientelar ocurrió con la postulación a la alcaldía de Guayaquil y el triunfo en enero de 1984. En noviembre de ese año fue condenado a cuatro días de prisión por el entonces presidente León Febres Cordero, por difamar a las Fuerzas Armadas a las que acusó de servir únicamente para desfilar el 9 de Octubre.

En defensa de su vida, según él, huyó a Panamá el 15 de agosto de 1985, acompañado del prefecto de la provincia del Guayas, Alfredo Adum Ziadé. En ese país le concedieron asilo político, sin embargo fue detenido con un kilo de droga en su vehículo, hecho del que acusó a Febres Cordero y al dictador Manuel Antonio Noriega, gobernante de ese entonces.

Cuando volvió a Ecuador se postuló para presidente sin éxito, y lo intentó dos veces más, hasta llegar al poder en binomio con Rosalía Arteaga. Sin embargo, su paso por Carondelet apenas se extendió desde el 10 de agosto de 1996 hasta el 7 de febrero de 1997, cuando fue destituido por el Congreso Nacional, debido a una supuesta incapacidad mental para gobernar.

¿Y de dónde salió el argumento para sacarlo de la primera magistratura? Primero porque se declaró anti neoliberal y empezó a vender las empresas públicas; segundo, por el ofrecimiento de no propiciar ajustes y, deliberadamente, elevar las tarifas del gas y los servicios básicos; por denunciar la corrupción de otros y no mirar la de su entorno y la suya.

También por las denuncias sobre los negociados de la mochila escolar, malversación de fondos por parte de sus funcionarios públicos, nepotismo, enriquecimiento ilícito, y la excentricidad de su vida pública y privada.

Pero él no actuó solo, lo hizo con su círculo íntimo, dentro del gobierno y fuera de él, compuesto por Roberto Isaías, Alvaro Noboa Pontón, David Goldbaum, Alfredo Adum, Miguel Salem, Eduardo Azar, “Chamaco” Reshuan, “Suso” Salem -el mudo de las cadenas de televisión y monólogos de Abdalá-; Sandra Correa, Galo Leoro, Augusto de la Torre y Frank Vargas.

Cinco días después de presentado el plan económico de su Gobierno, Bucaram permitió que la Superintendencia de Compañías interviniera Bananera Noboa, igual que antes ocurrió con la Cemento Nacional; sin embargo, la medida estaba orientada a darle una mano a su financista Alvaro Noboa, ex presidente de la Junta Monetaria, en la disputa por la herencia de su padre Luis Noboa Naranjo con sus hermanos.

Y como si todo esto no fuera suficiente, el 15 de diciembre de 1996 organizó la teletón para los niños, evento en el que Alfredo Adum y Roberto Isaías entregaron 1.200 millones de sucres; Álvaro Noboa, 520 millones; Eduardo Azar, 600 millones; María Fernanda Peñafiel, 200 millones; Mario Minuche, 300 millones y Vicente Estrada, 60 millones.

También anunció que sus ministros habían autorizado el descuento de mediodía de sueldo a los empleados públicos. Al cierre de la teletón anunció una recaudación de algo más de 17.000 millones de sucres. Al siguiente día aseguró que la suma beneficiaría a 600.000 niños con fundas de 35.000 sucres cada una; los 7.000 u 8.000 restantes serían para cenas navideñas, pero el 3 de enero de 1997, apenas agasajó a 200 niños.

Antes de su caída, los deseos infantiles del turquito pobre que buscaba fama, gloria y fortuna estuvieron a punto de plasmarse con la contratación de la estrella mundial del balompié, Diego Maradona, quien debía jugar con el número 10 y Bucaram con el 9 y ½,  por una sola noche en Barcelona S.C. -equipo del que era su presidente- por la friolera de un millón de dólares, suma parecida a la de Jacobito, su hijo mayor, que le permitió festejar en grande luego de cinco meses a cargo de las aduanas.

Un miembro cercano de su entorno ecuatoriano-libanés le comentó lo que publicaban los medios de comunicación y la preocupación personal que quería transmitirla a su amigo. La respuesta fue cortante y obvia: “¿y qué quieres que haga si el muchacho me ha salido vivo…?

El 5 de febrero de 1997 la fuerzas sociales del país repudiaron los excesos de su gobierno y, aprovechando un vació legal en la Constitución, el Congreso lo destituyó bajo el argumento antes descrito. Ese día, Bucaram ordenó el retiro de 5.000 millones de sucres en efectivo que fueron entregados en la Presidencia de la República y huyó a Panamá.



Rosalía Arteaga, su vicepresidenta, asumió interinamente la presidencia de la República hasta que Fabián Alarcón –la mejor cintura política del país- entonces Presidente del Congreso, fue posesionado.

Posteriormente, Enrique Villón, jefe financiero de la Presidencia de la República, fue detenido por la Policía peruana acusado de introducir a nuestro vecino país tres millones cuatrocientos mil dólares; sin embargo, horas después corrigieron pues se habría tratado solamente de 3.400 dólares.

Tiempo después, Alejandro Muñoz, alias el “Pepudo” Alejo, uno de los jefes de la guardia de choque del PRE, conocida como “los pepudos”, involucró a Bucaram en supuestos actos de corrupción en las Aduanas. Años después, cuando se convirtió en pastor evangélico, fue asesinado sin que la Policía pudiera encontrar a los ejecutores y a sus instigadores.

Desde entonces, los casos de corrupción en esa administración empezaron a transparentarse: los principales cargos públicos, por ejemplo, fueron entregados a familiares y amigos bajo el argumento de que eran premios Contenta de la Universidad de Guayaquil, honorables a toda prueba, incluso cristianos practicantes y, en el caso de mujeres, firmes defensoras de su virginidad, como la su hermana Elsa.

Lo cierto es que a Jacobito, Santiaguito y Adolfito, además de sus “panas”, solamente les faltó convertir el agua en vino, en virtud de que el único vicio no practicado era el de la bebida.

Las denuncias de que el círculo del poder se llevó 11.000 millones de sucres en efectivo en las últimas horas, o de que una empresa vinculada con Santiago Bucaram fue la encargada de vender equipos de computación a colegios del país cuyos rectores eran obligados a firmar una constancia con la que se justificaba el aporte del 15% a la cuenta única del PRE, se sumaron a las cuentas reservadas de la Presidencia de la República, en las que apareció un rubro denominado “Aportaciones e Inversiones Especiales”, por medio de las cuales el Gobierno entregó miles de millones de sucres a los Gobiernos seccionales por gestión de los diputados.

La denominada cuenta “8.000″ manejó alrededor de 24.000 millones de sucres en aportes y donaciones. El Congreso aprobó el levantamiento de la reserva de los documentos concernientes al juzgamiento de los gastos reservados, mientras Abdalá Bucaram era sindicado por la Corte Suprema.

El 9 de abril de 1997, Carlos Solórzano Constantine, Presidente de la Corte Suprema de Justicia, dictó orden de prisión preventiva en contra de Bucaram, y pocos días después el Congreso Nacional destituyó a más de una docena de diputados directamente implicados en negociados y mal manejo de fondos públicos.

Antes de finalizar el mes de mayo ya eran cuatro las órdenes de prisión que pesaban contra Bucaram. Su Gobierno fue, por los hechos revelados, el más corrupto de la historia del país.  Pero si los descritos causaron estupor, los que siguieron, a más de sórdidos y gansteriles, fueron cubiertos y difuminados por una justicia corrupta.

El 8 de mayo de 2001, en la cafetería del hotel Hilton Colón de Guayaquil, un grupo integrado por Joselo Rodríguez, directivo del club Santa Rita, de Vinces, equipo de fútbol de segunda categoría, Jacobo Bucaram Pulley, Wilson Dieb, Jaime Saud y José Camacho Sotomayor, agredió a Hernán Darío “Bolillo” Gómez y uno de ellos le metió un tiro en la pierna, porque en la selección Sub 20 de fútbol, que debía participar en el Mundial de Argentina, no incluyó a “Dalo” Bucaram Pulley, hijo del ex presidente de la República.



Meses atrás, el día en que el cuadro juvenil partía hacia Europa para una serie de partidos amistosos, Hugo Gallego, director técnico colombiano de la misma selección, fue golpeado brutalmente en los exteriores del hotel Guayaquil, por no aceptar la inclusión de Dalo aprobada por el entrenador Fabián Vicente Burbano, quien lo hizo para evitar represalias pues fue amenazado de muerte si no lo hacía jugar.

Durante las investigaciones, la Policía determinó que Joselo Rodríguez solamente había reclamado a Gómez, pues el disparo lo realizó José Camacho Sotomayor, otro dirigente del Santa Rita. Un tiempo después Joselo Rodríguez fue emboscado en la vía a Babahoyo y asesinado conjuntamente con su esposa Lucrecia Araujo y su hijo Kléber, de 14 años.

La Policía  identificó y detuvo a Cristobal Loza Ati y Juan Medina Leyton, como autores materiales del crimen. La instrucción fiscal sobre el caso estableció nexos entre Rodríguez y la banda de Los Cedeño, delincuentes de largo historial en la provincia de Los Ríos, uno de los cuales sería el autor intelectual de la muerte de José Camacho, identificado como autor de los disparos contra el "Bolillo" Gómez.

Fuente. http://www.andes.info.ec/es/pol%C3%ADtica/8198.html

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